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Sebastián Gaboto llegó a estas tierras en 1527 y concretó el primer asentamiento europeo en el Virreinato del Río de la Plata.
Luego, Juan de Garay realizó la primera fundación de Santa Fe el 15 de noviembre de 1573, y en 1661 el Cabildo ordenó el traslado de la ciudad de Santa Fe unos 70 kilómetros más al Sur, en la confluencia de los ríos Paraná y Salado.
Desde entonces no ocurría una inundación como la de abril del año último: nada hacía suponer que las aguas llegarían adonde llegaron. Unido a ello, los cambios climatológicos generales hicieron que aumentasen las precipitaciones en el litoral argentino, lo que alteró el régimen normal de toda la llanura pampeana.
Es de notar que los fenómenos climáticos y meteorológicos determinen que los sistemas hídricos comiencen a tener nuevos y desconocidos comportamientos, como sucedió el año último. Esa situación es un problema para las actuales poblaciones que viven en las márgenes de los ríos; Santa Fe no es la excepción. Lamentablemente, porque agregado a ello tuvo en los últimos años un crecimiento demográfico que precisamente ha ido a localizarse en las zonas suburbanas, sobre el mismo valle de inundación, y ocurrió lo que ocurrió.
De modo que la planificación y la localización municipal tendrían que ser mucho más estrictas a la hora de establecer los objetivos estratégicos para el crecimiento humano, social y por supuesto habitacional, y que la previsión haga que la Nación forme un sistema de alerta y alarmas para que los registros y mediciones del río Salado no sorprendan nunca más, ya que, como también sabemos, el Salado es un río de llanura interprovincial, que nace en Salta, pasa por Santiago del Estero y luego entra en la provincia de Santa Fe, para desembocar en el río Paraná.
En el mayor desastre hídrico del país no había registros ni se disponía de datos en tiempo real para la toma de decisiones. La información del Instituto Nacional del Agua (INA) daba cuenta de que se llegaría a los mismos niveles de la crecida de 1973/1998 y el Servicio Meteorológico Nacional no alertó sobre el volumen y la intensidad de las lluvias. Sólo el esfuerzo de las autoridades provinciales y un sacrificio enorme del pueblo argentino evitaron una tragedia aún mayor. Lo que queda claro es que nos resta mucho por hacer para que este drama no se repita; esperemos que lo hagan.
29-4-2004 La Nación (Buenos Aires, Argentina)
*El autor es jefe de asesores del senador Carlos Reutemann y fue ministro de Gobierno de Santa Fe en la época de la inundación. |