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www.unfccc.de
Convención Marco
de las Naciones Unidas
sobre el Cambio Climático

Problema Nº 1 - El Gran Problema

Los científicos estiman que es real el peligro de que el clima cambie rápida y espectacularmente en los decenios y siglos venideros.

¿Podremos controlar esta situación?

Hace alrededor de 65 millones de años un asteroide gigante entró en colisión con la Tierra. Cataplum! Según las estimaciones científicas, el choque arrojó tanto polvo a la atmósfera que dejó al mundo en tinieblas durante tres años. La luz solar se redujo en gran medida, impidiendo el crecimiento de numerosas plantas, las temperaturas descendieron, la cadena alimenticia se rompió y muchas especies desaparecieron, incluida la mayor que existiera sobre la faz de la Tierra.

Tal es, cuando menos, una teoría dominante que explica la extinción de los dinosaurios; incluso aquellos que no fueron alcanzados directamente por el asteroide, sucumbieron a la postre.

La catástrofe que dio cuenta de los dinosaurios es sólo una ilustración -si bien dramática- de cómo el cambio climático puede fomentar el desarrollo de una especie o liquidarla.

Según otra teoría, los seres humanos evolucionaron cuando las temperaturas mundiales descendieron considerablemente y las precipitaciones disminuyeron hace unos seis millones de años. Los primates superiores parecidos a los simios del Great Rift Valley en Africa solían refugiarse en los árboles, pero como consecuencia de esta variación climática de larga duración, los bosques fueron reemplazados por praderas. Los "simios" se encontraron en una planicie vacía mucho más fría y seca que su medio anterior y sumamente vulnerables ante los predadores.

La desaparición total era una posibilidad concreta y los primates aparentemente se adaptaron con dos saltos evolutivos: primero adoptaron la postura erecta, que les ' permitió recorrer largas distancias a pie, con las manos libres para transportar hijos y alimentos; y luego sus cerebros se volvieron mucho más voluminosos, aprendieron a manejar instrumentos y se convirtieron en omnívoros (consumidores de carne y verduras). Generalmente se considera a este segundo ser con un cerebro más desarrollado, como el primer humano.

A partir de entonces, las variaciones climáticas han modelado el destino de la humanidad, y el ser humano ha reaccionado en gran medida adaptándose, emigrando y desarrollando su inteligencia. Durante las últimas glaciaciones, los niveles de los océanos descendieron y los seres humanos se desplazaron a través de puentes continentales desde el Asia hacia las Américas y las islas del Pacífico. Desde entonces se han registrado numerosas migraciones, innovaciones y también catástrofes. Algunas de estas han tenido su origen en pequeñas fluctuaciones climáticas, con unos pocos decenios o siglos de temperaturas levemente superiores o inferiores a la media, o sequías prolongadas. La más conocida es la Pequeña Era Glaciar, registrada en Europa a comienzos de la Edad Media que provocó hambrunas, insurrecciones y el abandono de las colonias septentrionales en Islandia y Groenlandia. El hombre ha soportado durante milenios los caprichos climáticos, recurriendo a su ingenio para adaptarse, incapaz de influir en fenómenos de tal magnitud.

Eso era hasta ahora. Paradójicamente, el éxito notable que hemos logrado como especie bien puede habernos llevado a un callejón sin salida. El crecimiento demográfico ha alcanzado un punto tal que haría muy difícil una migración en gran escala en caso de que un cambio climático de grandes proporciones la hiciera necesaria y los productos de nuestra inteligencia (industrias, transportes, etc.) han conducido a una situación desconocida en el pasado. Anteriormente el clima mundial hacía cambiar a los seres humanos; ahora parece que estos últimos están cambiando el clima. Los resultados todavía son inciertos, pero si las predicciones actuales se confirman, el cambio climático que tendrá lugar en el próximo siglo será de una amplitud sin precedentes desde los albores de la civilización humana.

El principal cambio que se ha registrado hasta la fecha ha sido en la atmósfera terrestre. El asteroide gigante que terminó con los dinosaurios arrojó grandes nubes de polvo en el aire, pero nosotros estamos causando fenómenos de dimensiones similares, aunque en forma más sutil. Hemos provocado, y continuamos haciéndolo, un cambio en el equilibrio de los gases que componen la atmósfera, y ello es particularmente cierto con relación a los "gases de efecto invernadero" principales, como el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O). (A pesar de que el vapor de agua es el gas termo activo más importante, las actividades del hombre no lo afectan directamente). Estos gases, que se encuentran normalmente presentes en la atmósfera, representan menos de una décima parte del 1 por ciento de la atmósfera total, compuesta principalmente de oxígeno (21 por ciento) y nitrógeno (78 por ciento), pero son vitales porque actúan como una manta natural alrededor de la Tierra, sin la cual la superficie de nuestro planeta sería cerca de 30°C más fría que en la actualidad.

El problema estriba en que la actividad del hombre está "espesando" la manta. Por ejemplo, cuando quemamos carbón, petróleo y gas natural, liberamos cuantiosos volúmenes de dióxido de carbono en el aire, al igual que cuando destruimos los bosques, dejamos escapar a la atmósfera el carbono almacenado en los árboles. Otras actividades esenciales, como la cría de ganado y el cultivo de arroz, también emiten metano, óxido nitroso y otros gases de efecto invernadero. Si las emanaciones continúan aumentando al ritmo actual, es casi seguro que en el siglo XXI los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera duplicarán los registros preindustriales y si no se toman medidas para frenar dichas emisiones, es muy probable que los índices se triplicarán para el año 2100.

De acuerdo con el consenso científico, el resultado más directo podría ser un "calentamiento de la atmósfera mundial" del orden de 1 a 3,5°C durante los próximos 100 años. A esto se debe sumar un manifiesto incremento de temperatura de un 0,5°C desde el período preindustrial anterior a 1850, parte del cual sería producto de emisiones anteriores de gases de efecto invernadero.

Es difícil pronosticar en qué medida esta situación podría afectarnos, dado que el clima mundial es un sistema sumamente complejo. Si se alterara un aspecto clave como la temperatura media global, las ramificaciones tendrían un largo alcance. Los efectos inciertos se adicionan: por ejemplo, podría cambiar el régimen de vientos y lluvias que ha prevalecido durante cientos y miles de años y del cual depende la vida de millones de personas; podría subir el nivel de los mares y amenazar islas y zonas costeras bajas. En un mundo cada vez más poblado y sometido a mayores tensiones, que ya tiene suficientes problemas por resolver, esas presiones adicionales podrían conducir directamente a nuevas hambrunas y otras catástrofes.

Al tiempo que los científicos se esfuerzan por comprender con mayor precisión los efectos de las emisiones de gases termo activos, la comunidad internacional se ha unido recientemente para hacer frente a este problema.

Problema Nº 2

Si no se conocen con certeza las consecuencias de un problema, ¿se ignora el problema o se trata de encontrarle alguna solución?
El cambio climático es una amenaza para la humanidad, pero nadie puede determinar con seguridad sus futuros efectos o la magnitud de éstos. La reacción ante esa amenaza seguramente será costosa, compleja y difícil. Hay incluso desacuerdo sobre si realmente existe un problema: mientras numerosas personas temen la extrema gravedad de los efectos, otras argumentan que los científicos no pueden dar pruebas irrefutables de que sus previsiones se harán realidad. Además, no está claro quienes son los que sufrirán más en las diversas regiones del mundo. Sin embargo, si la comunidad internacional espera a que aparezcan las consecuencias y las primeras víctimas, probablemente será muy tarde para actuar. ¿Qué se debe hacer?

La verdad es que en casi todos los círculos científicos la cuestión ya no es si el cambio climático es un problema potencialmente grave, sino en qué forma se manifestará, cuáles serán sus repercusiones y cuál será la mejor forma de detectarlas. Los modelos de computadora de algo tan complicado como el sistema climático de nuestro planeta no son aún lo suficientemente avanzados para brindar respuestas claras y concluyentes. No obstante, si bien el cuándo, dónde y cómo no está definido, el panorama que se desprende de estos modelos climáticos nos lanza señales de alarma.

Por ejemplo:
Los regímenes de precipitaciones regionales podrían variar. Se prevé que el ciclo de evapotranspiración se acelerará a nivel mundial y ello implica que lloverá más, pero que las lluvias también se evaporarán más rápidamente, volviendo los suelos más secos durante los períodos críticos de la temporada de cultivo. Nuevas sequías, o más intensas, en particular en los países más pobres, podrían disminuir el abastecimiento de agua potable hasta el punto que ello podría convertirse en una amenaza grave para la salud pública. Dado que los científicos todavía no tienen entera confianza en los pronósticos regionales, no se aventuran a definir con precisión las zonas del mundo expuestas a volverse más húmedas o más secas, pero, habida cuenta de que los recursos hídricos mundiales ya se hallan bajo una gran presión en virtud del rápido crecimiento demográfico y la expansión de las actividades económicas, el peligro de que ello ocurra es bien real.

Las zonas climáticas y agrícolas podrían desplazarse hacia los polos. Se prevé que en las regiones de latitud media el desplazamiento será de entre 200 y 300 km. por cada grado Celsius de calentamiento. Veranos más secos disminuirían el rendimiento de los cultivos en un lo a 30 por ciento, y es posible que las principales zonas cerealeras actuales (como las Grandes Llanuras de los Estados Unidos) experimenten sequías y golpes de calor más frecuentes. Los bordes septentrionales de las zonas agrícolas de latitud media (el norte del Canadá, Escandinavia, Rusia y el Japón en el hemisferio norte, y el sur de Chile y la Argentina en el hemisferio austral), se beneficiarían de temperaturas más elevadas. Sin embargo, en algunas regiones la escabroso de los terrenos y la pobreza de los suelos impedirían a esos países compensar la merma de rendimiento de las zonas hoy más productivas.

El derretimiento de los glaciares y la dilatación térmica de los océanos podrían aumentar el nivel del mar, amenazando las zonas costeras bajas e islas pequeñas. El nivel medio global del mar ya ha subido cerca de 15 cm en el último siglo y se prevé que el calentamiento de la Tierra ocasionará un aumento adicional de alrededor de 18 cm para el año 2030. De mantenerse la actual tendencia de las emisiones de gases termoactivos, ese aumento podría llegar a los 65 cm por encima de los niveles actuales antes del año 2100. Las tierras más vulnerables serían las regiones costeras desprotegidas y densamente pobladas de algunos de los países más pobres del mundo. Entre las víctimas probables se contaría Bangladesh, cuyas costas ya son propensas a inundaciones devastadoras, al igual que muchos pequeños estados insulares, como las Maldivas.

Estas hipótesis son lo suficientemente alarmantes para causar preocupación, pero demasiado inciertas para permitir a los gobiernos tomar medidas de acción concretas. El panorama es confuso: es comprensible que algunos gobiernos, acosados por otros problemas, responsabilidades y deudas que atender, se vean tentados a no hacer absolutamente nada. Quizás el peligro se aleje, o algún otro se encargará de él; tal vez otro asteroide gigante chocará con la Tierra, ¿quién puede saberlo?

Problema Nº 3

Si un asteroide gigante entrara en colisión con la Tierra, no sería la culpa de nadie.
No se puede decir lo mismo con respecto al calentamiento de la atmósfera.
Hay una injusticia fundamental en el problema del cambio climático, que exacerba a las relaciones ya problemáticas entre las naciones ricas y pobres. Los países con los niveles de vida más altos han sido los más responsables (aunque inconscientemente) del aumento de los gases de efecto invernadero: las primeras regiones industrializadas (Europa, América del Norte, Japón y otras) consolidaron su riqueza en parte dejando escapar a la atmósfera grandes cantidades de gases de efecto invernadero, mucho antes de que se conocieran sus consecuencias probables. Los países en desarrollo ahora temen que se les diga que deben limitar sus actividades industriales en ciernes, puesto que la atmósfera ha llegado a su límite de tolerancia.

Habida cuenta de que las emanaciones derivadas de la utilización de energía constituyen la causa principal del cambio climático, habrá una creciente presión para que todos los países reduzcan el consumo de carbón y petróleo. También habrá presiones (e incentivos) para que se adopten tecnologías avanzadas tendientes a limitar los perjuicios en el futuro, pero el costo de éstas puede ser elevado.

Los países que se hallan en las primeras etapas de industrialización y que bregan para ofrecer una mejor vida a sus habitantes no quieren este tipo de cargas adicionales: el desarrollo económico ya es suficientemente difícil. ¿Cómo podrían progresar si aceptaran disminuir el uso de los combustibles fósiles, que son los más baratos, convenientes y útiles para las industrias?

Hay otras injusticias que van aparejadas al problema del cambio climático. Los países del mundo en desarrollo serán probablemente los que más sufran si se confirman las consecuencias previstas (desplazamiento de zonas agrícolas, aumento del nivel del mar y variaciones en el régimen de lluvias). Estos países simplemente carecen de los recursos científicos y económicos o de los sistemas de seguridad social necesarios para hacer frente a las repercusiones de la perturbación del clima. Además, en muchos de esos países el rápido crecimiento demográfico ha obligado a muchos millones de personas a asentarse en tierras marginales y son precisamente éstas las que pueden padecer los efectos más drásticos de las variaciones climáticas.

Problema Nº 4

Si todo el mundo empezara a consumir más y a darse la buena vida, ¿podría soportarlo nuestro planeta?
A medida que la población mundial aumenta, se incrementa la demanda de los recursos naturales, que se acentúa aún más con el rápido aumento del número de individuos que también quieren vivir mejor: más y mejor comida; mayor cantidad de agua y más limpia; más electricidad, refrigeradores, automóviles, casas y apartamentos; terrenos en los que construir esas casas y apartamentos...

Ya se plantean problemas graves para abastecer de agua potable a los miles de millones de habitantes de todo el mundo. Las poblaciones en vías de expansión están agotando el agua de ríos y lagos y los grandes mantos acuíferos subterráneos están disminuyendo constantemente. ¿Qué haremos cuando estos depósitos naturales se vacíen? También hay problemas para cultivar y abastecer a todos de suficientes alimentos: testimonio de ello son las extensas hambrunas registradas en muchas partes del mundo. Hay otras señales de alarma: el volumen de pesca mundial se ha reducido considerablemente; a pesar del tamaño de los océanos, las especies más valiosas se han pescado tan eficazmente que han desaparecido.

El calentamiento de la atmósfera es un ejemplo particularmente ominoso del insaciable apetito del hombre por los recursos naturales. En el curso del siglo pasado hemos extraído y quemado depósitos ingentes de carbón, petróleo y gas natural que llevaron millones de años en acumularse. Nuestra capacidad para quemar combustibles fósiles a un ritmo muchísimo más rápido que lo que llevó crearlos ha perturbado el equilibrio natural del ciclo del carbono. La amenaza del cambio climático se presenta porque una de las pocas formas en que la atmósfera, que también es un recurso natural, puede reaccionar ante las vastas cantidades de carbono liberado del subsuelo terrestre, es calentarse.

Entretanto, las expectativas del hombre no menguan sino que van en aumento. Los países del "Norte" industrializado representan el 20% de la población mundial, pero utilizan alrededor del 80% de los recursos de la Tierra: para las pautas mundiales, viven sumamente bien. Es agradable llevar una buena vida, pero si cada persona consumiera tanto como los americanos del norte o los europeos occidentales -y eso es a lo que aspiran miles de millones de personas- probablemente no habría suficiente agua potable y otros recursos naturales vitales para todos. ¿Cómo podremos satisfacer esas crecientes expectativas cuando ya el mundo se halla bajo tanta presión?

Problema Nº 5

¿Quién tiene la energía, el tiempo o el dinero suficiente para hacer frente al cambio climático, cuando hay que resolver tantos otros problemas?
Conclusiones
Hacia el siglo XXI y más allá
El cambio climático podría tener consecuencias muy profundas. Un asteroide gigante apareció 65 millones de años atrás y acabó con los dinosaurios.

Al hacer frente al cambio climático provocado por el hombre, los seres humanos tendrán que pensar en términos de décadas y de siglos. La tarea recién comienza, y muchos de los efectos de las variaciones climáticas no se manifestarán sino al cabo de dos o tres generaciones. En el futuro cada uno de nosotros oirá hablar de este problema, y deberá vivir con él.

Para la convención Marco, que tiene esto muy presente, el próximo siglo cuenta tanto como el actual. El tratado ha establecido instituciones para apoyar los esfuerzos destinados a cumplir con las obligaciones a largo plazo y vigilar la adopción de medidas de largo alcance con la finalidad de minimizar el cambio climático y adaptarse a sus efectos. El órgano supremo de la convención es la conferencia de las Partes, en la que se hallan representados todos los Estados que la han ratificado. La conferencia de las Partes, que se reunió por vez primera en marzo de 1995 y que seguirá reuniéndose anualmente, fomentará y examinará la aplicación de la convención y, si procede, reforzará sus disposiciones. Dos órganos subsidiarios asistirán a la conferencia de las Partes: uno en' materia de asesoramiento científico y tecnológico y el otro en la esfera de ejecución. En el futuro, la conferencia podrá asimismo adoptar disposiciones complementarias para proveer a las necesidades específicas de la Convención.

El tratado también refleja una visión coherente de las futuras perspectivas de la política mundial, así como diversas hipótesis sobre el mejor medio de resolver los problemas que se plantearán en el próximo siglo. La convención, basada en un criterio de cooperación y no de enfrentamiento da por sentado que los países sólo podrán abordar con éxito los problemas como el cambio climático si trabajan en forma mancomunada. Ha sido concebida para un mundo multipolar en que numerosos países tienen la influencia y el poder -necesarios para ejercer presiones colectivas, con el fin de persuadir a otras naciones a cumplir sus obligaciones.

¿Cómo establecer un equilibrio armonioso con las condiciones ambientales actuales que, ante todo, hacen posible nuestra vida? Hasta ahora, la humanidad se ha desentendido de este problema en su propio detrimento. A partir de ahora se trata de un desafío al que probablemente tendremos que hacer frente mientras exista la especie humana sobre la Tierra.

[Fuente: www.medioambiente.gov.ar ]

 
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