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La alianza incluirá a Brasil y a países que elaboren biocombustibles; la Argentina, excluida. Sin grandes anuncios y sin promover debates políticos, los gobiernos de Estados Unidos y de Brasil tejen hace meses una alianza que promoverá la producción y comercialización de biocombustibles en el hemisferio para reducir la dependencia del petróleo y protegerse de los golpes de timón del presidente venezolano, Hugo Chávez.
El acuerdo entre Washington y Brasilia abarcará a otros países que produzcan etanol o afronten serios desafíos sociales, dijeron a La Nacion fuentes que participan de las negociaciones en esta capital, pero no incluirá a la Argentina, que acaba de comenzar a desarrollarse en este campo. El lanzamiento del pacto energético, denominado “Estrategia de Biocombustible para América latina y el Caribe”, está previsto para este año. Ya tiene fondos asignados y apunta a movilizar miles de millones de dólares en un futuro cercano, mediante “una sociedad estratégica de Estados Unidos y Brasil para la región”, según sus negociadores. El número tres del Departamento de Estado, Nicholas Burns, y el funcionario para América latina de la administración Bush, Tom Shannon, viajarán a Brasil y a la Argentina a principios de febrero, confiaron a La Nacion fuentes argentinas y norteamericanas. Pero su agenda en Buenos Aires no incluye, por lo menos hasta ahora, este proyecto. La alianza busca diversificar la provisión energética de Estados Unidos, que importa petróleo de Irán, Irak, Nigeria y Venezuela, entre otros países conflictivos. Así lo había advertido el presidente George W. Bush en su discurso del martes pasado sobre el Estado de la Unión. Bush propuso reducir en un 20% el consumo de nafta en Estados Unidos en 10 años e impulsar las tecnologías solar, nuclear y eólica, y los biocombustibles. "Durante demasiado tiempo, nuestra nación ha dependido del petróleo extranjero. Esto nos deja más vulnerables a regímenes hostiles", advirtió. Venezuela, por ejemplo, aporta entre el 12% y 15% del suministro diario de petróleo que llega a los Estados Unidos. En una conferencia que ofreció, también este martes, en el Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales, Shannon describió sucintamente la posible alianza. No aportó detalles porque, según aclaró, todavía es un proyecto en marcha que espera "revelar en el curso del año". "Hemos estado trabajando con socios en toda la región para explorar combustibles alternativos, en especial biocombustibles, etanol y biodiésel, y con instituciones como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para buscar formas en que podamos promover la experimentación y la investigación [ ] y crear mecanismos de financiación", explicó. La iniciativa, adelantó, permitiría darles a algunos países de América latina "un grado de estabilidad y seguridad en sus presupuestos del sector público para que puedan lidiar con aumentos de los precios energéticos sin cortar sus agendas sociales". Sin embargo, el funcionario aclaró que ello sucedería "dentro de un ambiente pro mercado y sin necesariamente pasarles los costos a los productores o a los consumidores". Por ahora, la Argentina no Además de Estados Unidos y Brasil, que acumulan juntos cerca del 70% de la producción mundial de etanol, la alianza incluiría a Colombia y Perú, en América del Sur; a El Salvador, Guatemala y Honduras, en América Central, y a Haití y a la República Dominicana, en el Caribe, entre otros, según pudo determinar LA NACION. "Abarcaría a toda la región, pero con énfasis en ciertos países, ya sea porque son productores o participan en la cadena energética o por razones políticas, para reducir su vulnerabilidad al petróleo aportado por terceros países", indicó una fuente consultada, en una clara alusión a Venezuela. La Argentina no integra la iniciativa por ahora, según indicaron diplomáticos argentinos, aunque podría sumarse luego. "Recién empezamos a transitar el camino de los biocombustibles, aun cuando nos beneficiemos por el aumento en los precios del maíz por la demanda para etanol", comentó uno de los diplomáticos consultados. El plan comenzó a tomar forma hace más de 12 meses. El senador republicano Richard Lugar y el entonces embajador brasileño en esta capital, Roberto Abdenur, escribieron una columna para The Miami Herald en mayo, en la que señalaban que "la clave es el etanol" y que ambos países debían trabajar juntos en este campo. También a mediados de 2006, el secretario de Comercio norteamericano, Carlos Gutiérrez, y el ministro de Desarrollo e Industria brasileño, Luiz Fernando Furlan, firmaron una carta de intención para impulsar el comercio bilateral, también con el etanol en primera línea. Y en diciembre, el gobernador de Florida y hermano del presidente, Jeb Bush y el presidente del BID, Luis Alberto Moreno crearon, con empresarios brasileños y del resto del hemisferio, la Comisión Interamericana de Etanol en Miami. La iniciativa oficial, en tanto, quedó en manos de funcionarios brasileños y norteamericanos, como Shannon y el experto en energía del área de Planificación de Políticas del Departamento de Estado, Greg Manuel, según pudo saber LA NACION. En octubre pasado, Manuel participó en un panel sobre el potencial para acuerdos de cooperación energética en la región, organizado por el Instituto de las Américas y la consultora PFC Energy. A pesar del silencio oficial que rodea a la alianza energética, existe un primer acuerdo para financiar sus pasos iniciales y evaluar su potencialidad. Los fondos ascenderían a entre 10 y 15 millones de dólares, según corroboró LA NACION, y serían aportados por Brasil, Estados Unidos, el BID, la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Fundación de las Naciones Unidas. 26-01-2007 www.lanacion.com.ar |